La Bioética
La bioética es una disciplina intelectual joven, como que no tiene aún 20 años de existencia. Su advenimiento se debe al norteamericano Van Renseelaer Potter, profesor de oncología de la Universidad de Wisconsin, quien planteó, como una necesidad ética, el análisis de los progresos acelerados de la medicina, y en general de las ciencias biológicas. Es inobjetable que tales adelantos han proporcionado inmensos beneficios pero, asimismo, algunos llevan implícitos potenciales perjuicios físicos y morales para la especie humana. De ahí que la recomendación de Potter no haya sido desdeñada en los países productores de ciencia y tecnología, donde profesionales de diferentes campos se han congregado alrededor de la bioética. Centros tan importantes como el Instituto Kennedy, de la Universidad de Georgetown, en Washington, y el Instituto Borja, en Barcelona, ponen de presente la trascendencia del asunto.
La curiosidad y la audacia de los hombres de ciencia que se mueven en el terreno de la biología, particularmente en el de la reproducción humana, han abierto una expectativa inmensa acerca de lo que la humanidad habrá de esperar de sus descubrimientos y de sus aplicaciones. Habiendo la ciencia y la tecnología superado todos los cálculos y previsiones, es imposible predecir lo que conocerán y podrán ver las generaciones del siglo XXI.
Bien vale la pena, por eso, que el individuo que reflexiona sobre temas ligados a los caros valores espirituales, se prepare para hacer frente a las nuevas situaciones. Y, precisamente, es a la bioética a la que le corresponde examinar los efectos de esta auténtica revolución biológica a la luz de los valores y de los principios morales.
En Colombia, país en el que, para mala fortuna, los bienes espirituales han venido periclitando, surge como una necesidad impostergable despertar interés por la bioética. Nuestra nación no está a la zaga de los adelantos científicos. Al tiempo que origina tal cual, compra y usufructúa muchos. La nueva tecnología médica, por ejemplo, está a la orden del día: trasplante de órganos, reproducción asistida y diferida, muerte igualmente asistida y diferida, ingeniería genética, diagnóstico prenatal y eugenesia, en fin, todo aquello susceptible de proporcionar bien o de ocasionar daño.
A pesar de las implicaciones médicas, jurídicas, sociales y éticas que estos novedosos aportes científicos y tecnológicos aparejan, el Gobierno colombiano no ha dictado todavía las normas que regulen su práctica, lo cual constituye una grave omisión de la que, seguramente, irán a derivarse delicados conflictos de distinto orden..
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